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Diálogo de sordos

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Franja Sur

Diálogo de sordos

› René Alberto López

Todos los gobiernos de Tabasco, sin excepción, han salido con la rancia ponencia de promover el diálogo y la unidad para, supuestamente, construir acuerdos políticos en aras del desarrollo del estado.

Esta semana el gobernador Arturo Núñez Jiménez se desgarró las vestiduras con el podrido discurso de alentar el diálogo entre su gobierno y los próximos legisladores. En su cantaleta también habló de aceptar las críticas, las divergencias y la diversidad de ideas. Como discurso suena muy bien, pero no son más que palabras trilladas con el único afán de expresar una buena pieza de oratoria.

Esto es, como orador es muy bueno don Arturo, pero como gobernantes, lo que le sigue de pésimo. Baste ver la situación del estado.

El gobierno estatal del PRD ha sido el más nocivo para la incipiente democracia tabasqueña. De diente para afuera, promete el oro y el moro, pero los hechos hablan, los desnuda.

¿Cómo creerle a un gobierno que intentó bloquear, pasando por encimas de las leyes, a un diputado porque criticó, con bases, el mal funcionamiento en el DIF estatal? ¿Cómo se le puede tener confianza cuando manda a perseguir judicialmente a un magistrado electoral en venganza por aplicar la ley en la elección de Centro?

¿Usted le creería a una autoridad que utiliza la publicidad gubernamental para chantajear y coartar la libertad de expresión a la prensa de Tabasco? ¿A un gobierno que si un periodista los critica lo dejan de invitar a los actos oficiales?

¿Gozaría de credibilidad una administración estatal que presiona a medios nacionales cuando su corresponsal publica una nota crítica sobre el gobierno del estado?

¿Se les puede creer, cuando expulsan de foros del gobierno a personas que alzan la voz para cuestionarlos cuando mienten?, como los casos de un profesor en el Centro de Convenciones y una reportera en el DIF estatal.

¿Los vamos a considerar demócratas cuando mandan a golpear mujeres indígenas y las encarcelan? ¿Se les puede creer cuándo prometieron bajar las tarifas eléctricas y aplicar el borrón y cuenta nueva para los más de 400 mil tabasqueños en resistencia civil y no cumplieron?

¿Le llamaría demócrata a un gobierno estatal que tiene sometido al Congreso del estado, al Tribunal Superior de Justicia y se pasa por el arco del triunfo la división de poderes?

Por si fuera poco, no hay obra pública, el estado se cae a falta de una política económica eficiente y persisten los subejercicios en las dependencias.

Ese es el Tabasco actual y no como lo pinta la publicidad oficial. Las expectativas de un cambio verdadero alimentada por los políticos del PRD se fueron a la basura en menos de tres años.

Y, no conforme con ello, todavía se atreven a fingir con falsos llamados al diálogo para la presunta construcción de un Congreso en base a la unidad.

No olvidemos que los diputados son supuestamente los representantes del pueblo, pero una vez electos unos se convierten en empleados del gobernador en turno y el resto se pone al servicio de sus respectivos partidos. Esa es la penosa realidad.

La clase política gobernante no sólo les ha perdido el respeto a los ciudadanos, sino que pasa a burlarse de ellos con sus discursos cuajados de irrealidades.

Y, saben tabasqueños qué es lo peor de todo ello, lo más grave. Lo verdaderamente preocupante es que don Arturo se cree que está haciendo un buen gobierno.

Sus aduladores lo tienen engañado, mareado, pero debería salir de incógnito a las calles, subirse a una combi del servicio público o pasearse por el mercado Pino Suárez o sentarse en una banca del parque Juárez de Villahermosa y, escucharía de viva voz del pueblo, las lindezas que hablan del flamante gobernador de Tabasco, que cierto día ofreció un “cambio verdadero”.